Asclepio o Pequeña Apocalipsis
El este texto llamado “Asclepio”, (el Esculapio latino),Hermes Trismegisto junto a Asclepio y Tat mantienen una conversación sobre los Misterios, pero se interrumpe de forma abrupta para narrar este discurso profético donde describe el mundo futuro.
Se supone que este texto proviene de los primeros siglos de la Era Cristiana, indeterminado y transmitido por Lactancio

¿Acaso ignoras, oh Asclepio, que Egipto es la imagen del Cielo, el lugar a donde se transfieren y descienden todas las cosas gobernadas y producidas desde el Cielo? Y para decirlo con toda verdad, nuestro país es el templo del mundo entero. Sin embargo, como a los sabios corresponde conocer lo que vendrá, se impone no ignoréis lo que sigue:
Un tiempo vendrá en que se vea que los Egipcios han honrado en vano a los dioses con espíritu piadoso y religión perseverante: la pureza de la veneración se verá frustrada y su provecho inútil. Los dioses dejarán la Tierra y volverán al Cielo, abandonarán Egipto, patria que fue domicilio de venerables liturgias, y vendrá a ser una Viuda, privada de la presencia de los númenes. Extrañas gentes habrán de invadir esta región y patria, y serán los que, a más de despreciar la religión, de forma más insufrible aún habrán de estatuir, con pretendidas leyes y castigos de penas específicas, que la gente se aparte de la religión, de la piedad y del culto divino. Entonces esta santísima tierra, patria de santuarios y templos, se verá sembrada de tumbas y cadáveres. ¡Ay Egipto, Egipto, de tus cultos nada quedará sino leyendas fabulosas que ni tus propios hijos creerán, y solas sobrevivirán, grabadas en la piedra, las palabras que narran tus gestas piadosas, y el Escita o el Hindú vendrá a habitar Egipto, o algún otro extranjero de tus alrededores!”
Los dioses ganarán el Cielo, los hombres, abandonados, morirán todos, y entonces Egipto, Viuda de dioses y hombres, será un desierto. ¡A ti clamo, santísimo Río, a ti predigo el futuro! ¡Rojo torrente de sangre subirás y desbordarás tus riberas, y las divinas olas se mancharán de sangre, y aún más, saldrán de lecho y habrá sepulcros muchos más que seres vivos! Los que queden, si hubiere, se los tendrá por egipcios sólo por la lengua, pero en sus actos serán como extranjeros.”
¿Porqué lloras, Asclepio? Egipto mismo será arrastrado y se empapará de crímenes peores, Egipto, que fue tierra santa, excelsa amante de la divinidad, que fue entre todas las tierras la única habitada por los dioses a cambio de su devoción, y cátedra de santidad y religión para todos, será modelo de máxima crueldad. Y entonces, cansados de vivir, el Mundo ya no parecerá admirable y adorable a los hombres. Este Todo bueno, del que no hay nada más excelso que se pueda ver, ni hubo ni habrá, estará en peligro y será honeroso a los hombres, y por eso mismo será despreciado y no más será amado este Todo Mundo, obra inimitable de Dios, edificación gloriosa, creado Bueno y compuesto de infinita variedad de formas, instrumento del buen querer de Dios que, sin resquemores, sufraga el bien en su obra, para ser Uno en Todo, para que pudiera ser venerado, alabado, amado por todos los que lo viesen, unificado en un conjunto armonioso y múltiple. Luego las Tinieblas se antepondrán a la Luz, y se juzgará que la muerte es más útil que la vida. Nadie alzará los ojos al Cielo. Se tendrá al religioso por loco, al ateo por inteligente, al frenético por fuerte, al criminal por un hombre de bien. El alma y todo lo que la completa y por lo que nació inmortal o que se presume logrará la inmortalidad, de la manera como os dije, será puesta en ridículo, y aún más, será considerada inexistente. Y llegará, creedme, a constituirse pena de muerte para el que se entregue a la santa religión del espíritu. Habrá nuevos derechos, nuevas leyes. Nada será santo, nada piadoso, no se admitirá que haya nada de valor en el Cielo ni en los seres celestes, ni se lo aceptará en la intimidad del corazón.”
¡Entre dioses y hombres habrá un tristísimo abismo! Sólo quedarán los dáimones malignos, que, entremezclados con la humanidad, conducirán a los miserables con violencia a poner mano en todo osadía malsana: guerras, rapiñas, fraudes y todo lo que es contrario a la naturaleza de un ser vivo. La Tierra entonces perderá su equilibrio, no se navegará en el mar, ni se mantendrá en el Cielo el curso de los astros y las estrellas. Callará toda Voz divina, condenada a un necesario silencio, se pudrirán los frutos de la tierra, y el suelo perderá la fertilidad, y el mismo aire enflaquecerá en una fermentación corrupta.”
Ved entonces cuál será la vejez del Mundo, irreligión, desorden, irracionabilidad en todos los bienes. Cuando todas estas cosas ocurran, ¡oh Asclepio!, entonces aquel Señor y Padre, Dios, primer Poderoso y Gobernador de Dios uno, considerados estos hechos y crímenes voluntarios, de su propia Voluntad, que es la Benignidad de Dios, resistirá a los vicios y a la general corrupción, corregirá los errores, consumirá la entera maldad ahogándola en diluvio o consumiéndola por fuego o destruyéndola con epidemias pestilentes dispersas por lugares de la tierra, para devolver al Mundo su antiguo rostro, para que vuelva a ser adorable y admirable, y para que los hombres que entonces hubiere celebren con frecuentes himnos, ruegos y bendiciones al Dios, Hacedor y Recomponedor de la Obra. “
Y así será el nacimiento del Mundo: renovación de todas las cosas buenas, restitución de la santísima y muy piadosa Naturaleza del Mundo, Querer que es y fue sempiterno sin comienzo, porque la Voluntad de Dios no empezó nunca, siempre es la misma que es, sempiterna.
Porque el ser de Dios no consiste en nada más que en la Decisión de su Voluntad.
- ¿La Bondad Suma es una Decisión, Trismegisto?
- La voluntad, Asclepio, nace de la decisión, y el mismo querer nace de la voluntad.
Porque Aquel, que es la plenitud de todas las cosas y que quiere todo lo que tiene, no quiere nada impensadamente. Entonces, todas las cosas buenas que existen, las considera y las quiere, porque así es Dios, y bueno es el Mundo, imagen suya, imagen del Bueno (Bien).
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y todo se cumplio